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Arte del Día de Oración

Celebrando nuestro Día de Oración en la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María

Celebramos nuestro Día de Oración cada año en la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, un día de precepto en la Iglesia católica que cae el 15 de agosto. Algunos se preguntarán por qué se eligió este día.

Me gustaría revisar el día considerando la lectura del Evangelio que encontramos en nuestra liturgia.

Una lección del Evangelio sobre conocerse como iguales

Puede resultar extraño pensar que la lectura del Evangelio para la misa de la Asunción de la Santísima Virgen María sea la historia del Evangelio de San Lucas sobre María cuando conoce a su prima mayor Isabel. Ese encuentro no pareciera tener nada que ver con el Cielo. Es el relato de un pariente que conoce a otro pariente. ¡Sin embargo, en esta historia la belleza celestial se puede encontrar en la aflicción de las mujeres! Cada una está llena con algo del cielo, María con el Salvador, Jesús; e Isabel con Juan, su precursor.   

En el intercambio, las mujeres se relacionan entre sí de manera especial. Se admiran entre ellas, no de una manera que crea distancia entre ellas, sino de una manera que las une. Se aceptan mutuamente. Se dicen una a la otra: “¿Cómo es que estás aquí?, ¿Cómo llegaste a mí?”. No hay luchas de poder, ni falsas pretensiones, tampoco envidia, ni motivos ocultos. Isabel está tan conmovida que reacciona en cuerpo y alma. El fruto que está en su vientre salta de gozo. La reacción de María es un canto —el Magnificat— sobre el favor que Dios ha mostrado aquí, sobre ser pequeño, pero grande, sobre alabar a Dios, quien la ha aceptado como su vehículo de salvación.

En nuestro Día de Oración anual para los donantes, encontramos una gran lección en esta lectura del Evangelio: esta es la forma en que deberíamos encontrarnos con todas las personas, en particular con los pobres. Como María, deberíamos compartir las experiencias con ellos. No deberían existir sentimientos de superioridad, ni lucha de poder, ni tampoco centrarse en las desigualdades.

En Crosss Catholic Outreach, servimos como iguales al lado de los pobres en todo el mundo. Escuchamos primero para comprender mejor sus necesidades y sus sueños. A medida que atendemos esas necesidades a través de la bondad de nuestros donantes, les recordamos a los pobres que tienen gran dignidad a la vista de Dios. Cuando esto sucede, el espíritu en nosotros y el espíritu en ellos salta de gozo.

El Evangelio según San Lucas, capítulo 1, versículos 39 - 56

Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: ‘¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!’ ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!’

María dijo entonces:
“Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque se fijó en su humilde esclava,
y desde ahora todas las generaciones me llamarán feliz.
El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí:
¡Santo es su Nombre!
Muestra su misericordia siglo tras siglo
a todos aquellos que viven en su presencia.
Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes.
Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su siervo,
se acordó de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a sus descendientes para siempre”.

María se quedó unos tres meses con Isabel, y después volvió a su casa.

Fra. Angelico, “La Visitación” 1433-1434. Licencia de imagen: Creative Commons, cortesía de Web Gallery of Art

Únase a nosotros para nuestro Día de Oración

Todos nosotros necesitamos a Dios en nuestras vidas. Nos gustaría orar por usted, por nuestros amigos, en nuestro Día de Oración. Por favor, únase a nosotros en el Día de Oración de este año al enviar una solicitud de petición de oración.

En este día especial de la Asunción, coloque sus peticiones, temores, esperanzas y sufrimientos en las manos de nuestra Madre. La Iglesia nos enseña que María es nuestra mayor intercesora, que nunca nos deja sin ayuda.  

Según escribe San Luis María de Montfort: “Bástale presentarse ante su Hijo con alguna súplica para que Él la acepte y reciba, y se deje siempre vencer amorosamente por las entrañas, los suspiros y las súplicas de su Madre queridísima”.

Esperamos unirnos a Dios en el cielo algún día, tal y como lo hizo María. La Asunción de María lleva consigo todas nuestras esperanzas para nuestra vida eterna. Hasta ese día, llevamos nuestros problemas y preocupaciones a Dios con toda humildad. ¡Que sea bendecido(a) con toda la gracia y el amor que ofrece el Padre!

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